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viernes, 26 de noviembre de 2010

REDD++ y pueblos indígenas


Ana de Ita


http://www.jornada.unam.mx/2010/09/18/index.php?section=politica&article=019a1pol

El gobierno mexicano promoverá el Programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD), en la 16 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP16), que se realizará en Cancún a finales de noviembre y principios de diciembre.

Las más de 170 corporaciones trasnacionales que han promovido desde la firma del Protocolo de Kyoto los mercados de carbono como un mecanismo viable para comprar créditos por reducción de emisiones a partir de los bosques de los países del sur (mientras mantienen sus industrias contaminantes en el norte) requieren una señal positiva de que los mercados del gas progresan. Estos mercados existen aun sin el REDD y tienen como trasfondo la privatización del aire, que hasta ahora es un bien común. Por más ciencia ficción que parezca, a partir de contratos de compraventa los países industrializados están adquiriendo de los países del sur la capacidad de sus bosques de capturar carbono. Es decir, están comprando y vendiendo aire.

Las corporaciones y gobiernos que han invertido en los mercados de carbono han sido enfáticos en que el carbono debe ser una mercancía totalmente comercializable. Los bonos de carbono deben poder venderse en los mercados secundarios y de derivados, participar en los índices de precios y cotizaciones junto con el petróleo o el trigo, y comprarse tantas veces como se quiera, cotizar en bolsa y entrar a mercados de especulación. Para algunos analistas, el carbono puede ser el próximo activo tóxico.

Las comunidades y gobiernos que vendan sus certificados de carbono por reducción de emisiones en el mercado primario pueden verse imposibilitadas de recuperar sus bosques puestos como garantía, cuando sus certificados sean parte de los mercados de derivados.

Pero además este programa tendrá efectos directos sobre la vida de las comunidades forestales y pueblos indígenas que habitan y dependen de los bosques. En los países del sur los bosques en su mayoría son propiedad de los estados: en África, 98 por ciento; en Asia, 66 por ciento; en Latinoamérica, 33 por ciento, mientras que una mínima parte es propiedad de comunidades y pueblos indígenas. No obstante, esos bosques de propiedad estatal son el hogar de miles de pueblos nativos, que dependen de ellos para reproducirse como tales. México es una excepción, ya que como conquista de las luchas sociales, 59 por ciento de los bosques son propiedad de las comunidades y pueblos indígenas; 34 por ciento están en manos privadas, y sólo 8 por ciento son propiedad del Estado.

Entre otras implicaciones, el REDD++ afecta los derechos de uso de los pueblos nativos sobre sus bosques, y depende de qué tan autoritario es un país para imaginar sus efectos. De ahí que la Red Indígena sobre el Medio Ambiente denunció que a partir del REDD se prevé la mayor usurpación de tierras de la historia. Las experiencias ocurridas a los pueblos ogooni en Nigeria, los ogiek de Kenia y las comunidades de guaraqueçaba en Brasil son una muestra de la política de bosques cercados, con expulsión e incluso genocidio de los pueblos indígenas que los consideraban su hogar. Al aumentar el valor económico de los bosques, el interés de agentes estatales y privados por enajenarlos de las comunidades que los habitan crece.

No obstante, en México algunas organizaciones forestales están interesadas en promover el REDD++, que incluye un componente de manejo sustentable de los bosques y de conservación de reservas de carbono. Aunque sería justo y deseable que las comunidades forestales fueran compensadas por su excelente manejo y cuidado de los bosques y por el importante papel que éstos cumplen en tiempos de crisis climática, los efectos de la política ambiental sobre los pueblos nativos prenden focos rojos que atender. La política ambiental parte del supuesto de que la conservación viene de fuera, a pesar de la evidencia histórica que demuestra que los sitios naturales mejor conservados coinciden con los territorios indígenas en el país. Es la cosmovisión de los pueblos indígenas la que ha permitido la conservación de su hábitat y no las reglas ni prohibiciones de los administradores de la política ambiental internacional y nacional.

Las áreas naturales protegidas son el corolario de una política de colonización y despojo. Atentan directamente contra la propiedad social y son un instrumento moderno para expropiar el derecho de los pueblos indígenas sobre sus territorios. En un país que continúa negando el derecho a la autonomía de los más de 56 pueblos indígenas, el REDD++ se coloca como un nuevo instrumento de enajenación del control de los pueblos indígenas sobre su territorio. Las áreas protegidas de carbono que el REDD++ establecerá tendrán los mismos efectos que cualquier otra área natural protegida, en tanto que los pagos por manejo sustentable del bosque son el señuelo para que las comunidades y pueblos indígenas lo acepten.

miércoles, 2 de junio de 2010

Se incrementará la importación de alimentos

Se incrementará la importación de alimentos
La producción nacional sigue a la baja

México SA
http://www.jornada.unam.mx/2010/05/31/index.php?section=opinion&article=028o1eco
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA

Tres organismos internacionales (Cepal, FAO e IICA) advierten tristemente que en este año de la recuperación, México incrementará aún más la importación de alimentos (léase aumentará su dependencia alimentaria) por la sencilla razón de que la producción nacional en este renglón se mantiene a la baja, mientras la autodenominada autoridad se mantiene en la fiesta y tan delicada proyección no le quita el sueño. Y como muestra un botón documentado por el Inegi: en el primer trimestre de 2010, México erogó 4 mil 291 millones de dólares para comprar alimentos en el mercado internacional (fundamentalmente en Estados Unidos), lo que representa un crecimiento de 14 por ciento respecto de igual periodo de 2009, y equivale, en ese lapso, a un gasto de 2 millones de dólares por hora.
El sábado pasado, en este espacio, se comentó el informe Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas: una mirada hacia América Latina y el Caribe 2010, elaborado por la Cepal, la FAO y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en el que se advierte que México, que ya era uno de los principales importadores netos de la región, ahora depende aún más de las importaciones, y no precisamente de artículos suntuarios, sino de los prioritarios. El estómago nacional, pues, depende en grado sumo de lo que se produzca, de lo que cueste y de lo que en la materia se decide fuera del país.
Pues bien, entre el barullo de las matracas y los silbatos que festejan el regreso a la normalidad, porque la crisis ya se acabó, el Inegi informa que de enero a marzo, por ejemplo, la importación de pescado fresco o refrigerado se incrementó casi 50 por ciento, para abastecer a un país con más de 10 mil kilómetros de litorales; que la de café reportó un crecimiento de 105 por ciento, justo para un país con uno de los mejores granos del mundo; que, para no variar, la compra de maíz en los mercados internacionales avanzó alrededor de 20 por ciento, precisamente en un país cuya dieta fundamental se basa en ese cereal, y que, en fin, la de azúcar registró un crecimiento de casi 260 por ciento, en un país que no hace mucho exportaba grandes cantidades del dulce.
Qué peligroso regresar a la normalidad, porque, como se ha comentado en este espacio, desde hace muchos años –con mayor intensidad desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte– la dependencia alimentaria registra un avance igual de sostenido que de peligroso. El estómago nacional cada día depende más de los abastecedores externos, y sólo en situaciones de crisis –la del catarrito, por ejemplo– se observan descensos relativos en el volumen y valor adquirido en el mercado externo –el estadunidense, fundamentalmente–, pero al primer signo de lo que algunos llaman reactivación económica dichos indicadores repuntan alegremente para seguir la escala ascendente.
Para dar una idea más amplia de cuál es el delicado problema, vale subrayar que en la última década México ha gastado algo así como 150 mil millones de dólares (40 por ciento de ellos en el calderonato) para adquirir alimentos en el exterior y comercializarlos en un país en el que se producía prácticamente todo lo que ahora se compra allende nuestras fronteras y a precios cada día más elevados.
El sexenio calderonista arrancó con severos aumentos de precios en los alimentos; esta situación se agravó en 2007 y 2008; aún más con el catarrito, pero el inquilino de Los Pinos asegura que se trata de una coyuntura alimentaria, la cual, dicho sea de paso, acumula varias décadas. En el recuento, vale recordar que 30 años atrás el entonces presidente José López Portillo anunció con bombo y platillo el llamado Sistema Alimentario Mexicano (SAM), que establecía metas de consumo alimentario y medios para satisfacerlas desde dos vertientes fundamentales: un rápido aumento en la producción de alimentos básicos y apoyos múltiples al consumo de las mayorías empobrecidas de México, y advertía que el país tiene todas las posibilidades históricas y materiales para tomar un rumbo que revierta vigorosamente tendencias que, en estos momentos de graves definiciones internacionales, nos pueden conducir a la desnacionalización por la vía de la dependencia económica y tecnológica... (estamos ante) la quizá irrepetible y única posibilidad de satisfacer sin concesiones innecesarias nuestro gran potencial de crecimiento, ampliando la base productiva y el mercado interno, sentando así bases sólidas de soberanía y de una economía eficiente y poderosa.
¿Qué sucedió? La importación de alimentos se incrementó y el sucesor de JLP, Miguel de la Madrid, quiso revertir esa tendencia con otro programa: el Nacional de Alimentación (Pronal), que prometía lo mismo que el SAM (autosuficiencia alimentaria para resguardar la soberanía nacional y elevar el nivel de vida de los campesinos), con el añadido de reducir en cuando menos 30 por ciento la compra de alimentos en el exterior. Logró exactamente lo contrario, y aumentó aún más la adquisición de alimentos en los mercados internacionales. Llegaron Salinas, Zedillo y Fox, cada cual con su oferta de gobierno, y la importación de alimentos creció y creció, a grado tal que alrededor de la mitad de lo que los mexicanos comen proviene del extranjero, principalmente del norte, mientras el campo produce pobres y migrantes al por mayor, que ya no migran a las grandes ciudades, sino directamente al mismo norte que nos abastece.
¿Y con Calderón? Lo mismo, con idéntico discurso (la seguridad alimentaria es un asunto de Estado). Se comprometió a paliar la situación financiera de los mexicanos ante el incremento de los precios de los alimentos a escala mundial y a facilitar el abasto y el acceso de los consumidores mexicanos a los mejores precios de los alimentos en el mercado internacional; impulsar la producción de alimentos y aumentar la productividad del campo mexicano. Nada de eso sucedió. El Inegi documenta que sólo en 2009, el año de la gran crisis y de la astringencia de divisas, salieron de México alrededor de 16 mil 235 millones de dólares para adquirir alimentos, 22 por ciento menos que en 2008 (casi 21 mil millones), pero no por el incremento interno de la producción, sino, precisamente, por la crisis.
Las rebanadas del pastel
Con todo y el creciente gasto en importación de alimentos, en 2006, 14.42 millones de mexicanos se encontraban en condición de pobreza alimentaria, y para 2008 sumaban 19.46 millones. De acuerdo con el Coneval, 46 por ciento de la población registra algún grado de inseguridad alimentaria (de leve a severo). Y van por más.

martes, 25 de mayo de 2010

Silvio Rodríguez: México me duele


Es un país maravilloso que merece mejor suerte; ojalá que la izquierda supere sus diferencias

El músico puertorriqueño Roy Brown y Silvio RodríguezFoto Kaloian
ROSA MIRIAM ELIZALDE
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Martes 25 de mayo de 2010, p. a40
La Habana, 23 de mayo. El próximo domingo 30 de mayo se presenta en Puerto Rico, preámbulo de una gira que lo llevará por varias ciudades de Estados Unidos. Después de 30 años de ausencia en ese país, el cantautor cubano Silvio Rodríguez actuará el 4 de junio en el mítico Carnegie Hall, en Nueva York, que ya vendió todos los boletos para este concierto.
Mientras llega el momento de abordar el avión, no se da respiro: el oficio requiere de decoro y dedicamos a ensayar todo el tiempo posible, advierte en su blog Segunda Cita, una novedad que siguen con atención los silviomaniacos de medio mundo y que lleva el nombre de su álbum más reciente. Un disco en el que se siente a ese Silvio que le ha dado a la música y a la poesía de la región algo profundo e impagable, una percepción de la naturaleza humana, cierto sentido tangible de la belleza.
Pero no hablamos de la Segunda Cita musical. Hace un paréntesis en su disciplinada rutina diaria, para conversar con La Jornada acerca de la gira que se le viene encima, del poeta salvadoreño Roque Dalton, a quien conoció en La Habana, y aventura algunos ojalá para México, un país al que le debo mucho.
Empezar con los amigos
–¿Es casualidad que su gira comience por Puerto Rico?
–Así nos lo propusieron los organizadores; algunos de ellos son puertorriqueños. A mí no me parece mal empezar por donde tengo tantos amigos.
–¿Por qué el gigantismo informativo contra Cuba, mientras apenas se habla de la huelga de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico? ¿Por qué Orlando Zapata sí y Filiberto Ojeda no?
–(Noam) Chomsky lo explica: más de 90 por ciento de los medios analógicos y virtuales están en manos de la derecha. Por eso Orlando Zapata sí y Filiberto Ojeda no.
“Es curioso ver cómo en España se lanza una ‘plataforma para democratizar Cuba’ con un día de diferencia de otro show montado por (José María) Aznar. Son acciones coordinadas que, además de hacernos mala propaganda, pretenden reposicionar (destruir) el concepto de izquierda en Europa. No hace mucho un editorial de El País sostenía que la línea fronteriza de la izquierda era la Revolución Cubana, porque apoyar a Cuba se situaba de facto fuera de lo ‘políticamente correcto’. Vienen armando ese muñeco desde hace rato; por eso no es raro que entre los adheridos a la llamada plataforma haya progres históricos que han mordido el anzuelo. Se trata de un paquete que incluye ubicar a (Rodríguez) Zapatero y a Moratinos como izquierda en desuso, con vista a las próximas elecciones, y de paso neutralizar que se revise la ‘posición común’ contra Cuba, que justamente el gobierno de Aznar promovió en la Unión Europea.
Por su parte, los estudiantes universitarios puertorriqueños ahora mismo escriben una página de la historia de su país. Su lucha por el futuro les inaugura una estatura cívica y los enriquece humanamente. En estos días saldrán canciones donde los ideales y el amor serán lo mismo.
–Sé que están vendidas ya todas las entradas para el Carnegie Hall, en Nueva York. ¿Tendrá otra presentación en esa ciudad? ¿Qué conciertos están confirmados en Estados Unidos?
–Hasta ahora estamos seguros de San Juan, Nueva York y Los Ángeles. Se hacen gestiones en Oakland, Washington y Orlando. Como bien dices, el Carnegie Hall está totalmente vendido. Me han dicho que si se pudiera correr una fecha, posiblemente hagamos un segundo.
–¿Cuán grande es la frontera cultural entre el mundo latinoamericano, que es el suyo, y el anglosajón? ¿Qué deudas tiene su música con la cultura estadunidense?
–Es lógico que un país multinacional tenga una cultura vigorosa. Hace unos días le decía a Billboard que prácticamente toda la música del mundo ha pasado por Estados Unidos. Sea por la razón que sea, eso es un hecho cultural tremendo. Cuba está a 100 kilómetros de esas costas y comparte con Estados Unidos el factor étnico del negro, cosa que nos identifica. Con los países latinoamericanos nos unen otros lazos, pero tenemos más afinidad cultural con los que compartimos el origen africano, como el Caribe, Brasil, Venezuela y otros.
“En mi caso podría escribir largo sobre lo que me ha aportado la música que me ha llegado desde Estados Unidos, que no toda ha sido estadunidense. Para empezar, soy de una familia muy cinéfila, gusto que me inculcaron desde que era niño, en los años 50. Aquella década, además de haber dado infinidad de películas propiamente musicales, fue un momento brillante en la historia de las partituras cinematográficas. Sin esfuerzo me vienen a la mente títulos como Vértigo, Belinda, El mago de Oz, El hombre del brazo de oro, A summer place, Fantasía. Todos son filmes con músicas inolvidables. Si tomamos en cuenta que en aquellos años comenzaba el rock, aparece otra larga lista de películas e intérpretes que se me quedaron grabados. Aquellas impresiones se fundieron al sonido y la música de Cuba, que escuchaba a diario, y todo eso junto conformó al músico que soy.”
–En su último disco Sabina se burla de la gorda que teme le aborde un somalí. La gorda es Europa. ¿Cómo lo diría Silvio?
–Por ahora prefiero dejarle esa bronca a Joaquín, que lo comenta con más propiedad que yo, que hasta cierto punto soy otro somalí.
La familia de Roque Dalton necesita saber
–Acaba de escribir un poema en el que pregunta dónde están Roque Dalton y su hijo Roquito. ¿Cuándo conoció a Roque? ¿Qué opina del hecho de que dos personajes implicados en la muerte del poeta estén involucrados o formen parte del gobierno de México y de El Salvador*?
–Conocí a Roque, a su esposa y a sus tres hijos a finales de los años 60. A veces visité su apartamento en la calle J, en El Vedado. Durante un tiempo Roque fue presentador de los programas de canciones que hacía Casa de las Américas por televisión. También allí coincidíamos, o en casa de Felicia Cortiñas, donde se reunían los fundadores del primer Caimán Barbudo. De pronto Roque empezó a desaparecer y, cuando aparecía, contaba que había estado en Corea o en Checoslovaquia. Cierta vez un compañero dijo que se encontró a Roque en la calle, disfrazado, fingiendo ser otra persona. Cuando esa historia empezó a circular, sospeché que sus ausencias tenían un destino diferente a Praga y Pyongyang. Él estaba muy identificado con nosotros, los trovadores jóvenes de entonces, en una etapa en que éramos incomprendidos. Guardo de él recuerdos muy fraternos.
Para los responsables de su muerte debe de ser difícil explicarse. Pero están identificados y el reclamo no va a ceder hasta que lo enfrenten. Lo mejor, hasta para ellos mismos, sería que hablaran de una vez. Los familiares llevan 35 años esperando. La sobrecogedora carta pública de Juan José Dalton se explica admirablemente: la familia se declara dispuesta al perdón, pero primero necesita saber qué perdonar. El caso de los Dalton es modelo de un drama que vive todo El Salvador.
–Hubo una época en la cual escuchar su música en una América Latina marcada por las dictaduras suponía ser diferente, una diferencia que muchas veces se pagó con la vida. ¿Qué está ocurriendo ahora con su música en el continente? ¿Seguirá marcando la diferencia?
–Creo que hoy día otros gustos marcan la diferencia. Aunque sé que hay personas que siguen buscando mis canciones, las radios, las televisoras, Twitter y MySpace acaparan la actualidad. Eso que mencionas, la peligrosidad que suponía la tenencia de mi música cuando las dictaduras, por momentos me hizo tener una relación ambivalente con mi trabajo. No sé si alguien perdió vida por un caset mío, pero sé que quienes los tenían trataban de que no se los hallaran. Creo que pensar en eso influyó en que diera el paso de irme a Angola, a ver si me tocaba un proyectil en una selva, como dice la canción Testamento.
–Ha abierto un blog que es como jugar a Dios. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Tiene fe en Internet?
–Abrí el blog sin saber lo que era, fue un acto irresponsable. No me di cuenta de las posibles consecuencias. Pero no me arrepiento, aunque ahora tenga otra boca que alimentar.
–¿Por qué la bendita manía de cantar y no de escribir, que tan bien se le da?
–Eso me recuerda algunos comentarios afectuosos que han salido en mi blog. Y también que de vez en cuando aparece un visitante que se queja de que me mimen. La verdad es que el mundo suele malcriar al que quiere. Y arrancarle el pellejo al que no.
Exclamación desesperada
–El embajador de Estados Unidos en México dijo el otro día que el cambio climático se va a encargar de resolver el problema que Estados Unidos tiene con Cuba, porque en 50 años la isla va a desaparecer bajo el mar. ¿Broma pesada o prepotencia pura y dura?
–Pues yo lo veo más como una exclamación algo desesperada: como quien reconoce que sólo fuerzas inapelables, como las naturales, pueden decidir el destino de Cuba.
–México vive en un estado de pasmosa violencia a raíz del narcotráfico, y en Estados Unidos hay más apoyo que nunca para levantar muros, enviar tropas a la frontera e impulsar leyes antiinmigrantes, como la de Arizona. ¿Pudiera improvisar algunos ojalá para México?
–México me duele en varias direcciones. Es un país al que le debo mucho. Llevo décadas recibiendo afecto prácticamente de todos sus rincones. México es crisol de culturas, pueblo talentoso, trabajador, que hizo una revolución verdadera, que el egoísmo y la codicia falsificaron. Es un país maravilloso que merece mejor suerte. Ojalá la izquierda mexicana consiga pasar sobre sus diferencias y trabajar unida. Hablo sobre todo de (el subcomandante) Marcos y López Obrador, dos luchadores que respeto mucho. Y ojalá no tomen a mal que se los diga, porque lo hago como hermano.
*Se trata de Joaquín Villalobos, hoy asesor en seguridad del Gobierno de México, y Jorge Meléndez, director de Protección Civil de El Salvador